Incapacidad laboral. ¿privativo o ganancial?

La calificación de incapacidad laboral, no requiere de mucha definición o de una definición expresa, que aclare el término, dado que ambos términos unidos determinan en sí, una concreta situación.

Pero podemos decir que la incapacidad laboral será aquella situación por la que una persona o trabajador, por diversas cuestiones su capacidad se encuentra limitada, en mayor o menor grado, pudiendo se incluso impeditiva, para la realización y desempeño de su actividad laboral cotidiana.

Para calificar las prestaciones o indemnizaciones derivadas de la incapacidad laboral, dentro del ámbito en el que nos encontramos que se circunscribe al concerniente a la liquidación de la sociedad legal de gananciales, más concretamente respecto de la formación de inventario para la liquidación de dicho régimen económico matrimonial; la jurisprudencia distingue según se trate de una incapacidad temporal o de una incapacidad permanente, pues la finalidad de una y otra es distinta.

Nos ha parecido interesante traer esta cuestión, tan debatida, a éste espacio, con motivo de preparación de formación de inventario para la liquidación de la sociedad de gananciales de una cliente. En éste caso, nos hemos encontrado con dos tipos de incapacidad laboral, en un mismo procedimiento, siendo en realidad dos, uno previo de divorcio contencioso, y su posterior liquidación, pero devenidos de la misma causa; una de ellas de carácter temporal, si bien la de la otra cónyuge lo era de carácter absoluta, en virtud de sentencia dictada en el año 2012, por lo que le imposibilita la la actividad laboral.

Por ello, vamos a profundizar y aclarar los conceptos y si debemos determinarlos, como privativos o gananciales en la presente formación de inventario.

Por su propia naturaleza la incapacidad temporal, se caracteriza por ser efímera y no duradera, por lo que desaparecerá con el tiempo y, por lo que posee una vida limitada, se inicia con la incapacidad de la persona afectada, y finaliza con la recuperación de la misma; aspecto que ya fundamentamos en el procedimiento, ante la insistencia de la contraparte, de alegarlo a fin de que le fuera adjudicada la vivienda conyugal.

Por ello, determina la abundante Jurisprudencia, que una vez superado, el motivo que dio lugar a la incapacidad, desaparece; la persona afectada o trabajador volverá a incorporarse a su puesto de trabajo, el importe percibido mientras subsista tal situación vendrá a sustituir al salario hasta que dicho trabajador se incorpore a su trabajo tras obtener el alta médica.

Así, deberá considerarse dicha prestación, en virtud de la vigencia o no de la sociedad económica matrimonial, por ello claramente será de carácter ganancial, si ha misma ha sido percibida constante la sociedad conyugal, dado que se considera que indemniza una renta que supliría el lugar del salario, y privativa la parte percibida disuelta la sociedad de gananciales.

Por su parte la incapacidad permanente, sin embargo, es la situación de alteración continuada de la salud que imposibilita o limita a quien la padece para la realización de una actividad profesional o laboral, que se constituye de este modo, en el hecho causante de la contingencia, de manera que el daño indeminizable se manifiesta con posterioridad o con previsión de futuro.

Así las cosas habrá de distinguirse a la hora de determinar el carácter ganancial, entre capacidad laboral como un derecho integrado en la personalidad y las consecuencias o productos del trabajo, y la indemnización que se pudiera percibir de manera directa a la capacidad laboral.

Por ello, tal y como determina la Jurisprudencia, la indemnización percibida tiene vocación de futuro, por lo que no sustituye al rendimiento del trabajo, sino la propia capacidad para trabajar que ha de entenderse como bien personalísimo o derecho patrimonial inherente a la persona.

Para ello debemos de partir de la base que, la incapacidad permanente puede ser total, absoluta o de gran invalidez,

La primera de ellas, se caracteriza por ser una incapacidad total para el desempeño de la profesión habitual, y que por tanto, inhabilita para toda la profesión o trabajo o para las tareas fundamentales de la profesión o trabajo habitual, pero no para otra distinta.

La incapacidad absoluta, lo será para todo trabajo, que impide la realización de toda profesión u oficio.

Por último a determinada como de gran invalidez, es aquella en la que la persona no sólo no puede realizar ninguna actividad profesional o laboral sino que, además, precisa de la asistencia de otras personas para realizar los actos más esenciales de la vida.

La indemnización por incapacidad permanente y gran invalidez, según el criterio jurisprudencial mayoritario, es de carácter privativo; ¿el motivo?, porque deviene afectado la integridad física de la persona, y por tanto, la finalidad de la misma será la del resarcimiento y el menoscabo sufrido por la limitación de su capacidad laboral.

Se preguntará el lector el motivo de ello, pues bien principalmente por su propia naturaleza, toda vez que no sustituyen el rendimiento del trabajo, sino la propia capacidad para trabajar, aspecto del ámbito que jurídicamente se considera personalísimo, o respecto del ámbito patrimonial propio o inherente a la persona.

Así, la propia Jurisprudencia establece que, las indemnizaciones concedidas por incapacidad permanente tienen naturaleza privativa, ya se considere como un derecho patrimonial inherente a la persona; en base a lo dispuesto en el artículo 1346 apartado 5 del Código Civil; o ya como un bien adquirido en sustitución de otro particular, cuál sería el salario futuro, en virtud de lo dispuesto en el artículo 1346 respecto de su apartado 3 del mismo cuerpo legal.

Visto lo anteriormente expuesto, debemos tener en consideración el tipo de daño, esto es; la prestación percibida ¿sobre qué tipo de daño establece o dispone el resarcimiento?

Bien, el dado sobre el que establece el resarcimiento la prestación, es considerado como moral o patrimonial, pretende resarcir la indemnización, si se trata del daño moral o del patrimonial.

Respecto del daño moral, lo que se pretende con la prestación es compensar el menoscabo sufrido por el lesionado en su integridad física.

Respecto del daño patrimonial, son determinas en base al lucro cesante por incapacidad determinado en virtud de los ingresos del lesionado y, en su caso, las sumas percibidas en concepto de intereses de demora o legales.

En lo que aquí nos interesa;

  • Si la prestación mediante indemnización se circunscribe a un, o en base a un daño moral, será considerada de naturaleza privativa, independientemente que se perciba durante la vigencia de la sociedad legal de gananciales.
  • Si lo que se pretende resarcir es el daño patrimonial, la indemnización, percibida constante la sociedad de gananciales, será ganancial, ya que se entiende como sustitución del salario y, por tanto, entran en el haber ganancial en tanto frutos del trabajo, por el contrario, el derecho a percibir la renta será privativo.

Por tanto, si constante la sociedad de gananciales, percibimos indemnización cuyo objeto sea el menoscabo sufrido por el lesionado que limita su capacidad laboral, esto es por un daño moral, su condición dentro de la formación de inventario para la liquidación de la sociedad legal de gananciales será privativa.

Por el contrario, si constante la sociedad de gananciales, percibimos indemnización en base a un daño patrimonial o lucro cesante, será considerado como bien ganancial, dentro de la formación de inventario para la liquidación de dicha sociedad conyugal.

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