LOS CONYUGES ANTE LA SEPARACION O EL DIVORCIO

LOS CONYUGES ANTE LA SEPARACION O EL DIVORCIO SEPARACION Y DIVORCIO

Leo en una de esas revistas que acompañan a los periódicos todos los domingos, un artículo que hace referencia a las bondades de las separaciones y divorcios conseguidos de común acuerdo.

Es cierto, los daños psíquicos y económicos que los esposos pueden inferirse mutuamente, quedan reducidos a la mínima expresión e igualmente, otro tanto ocurre cuanto a los hijos se trata.

Al mismo tiempo, el autor o autores, presentan tres o cuatro ejemplos de sendos matrimonios separados o divorciados, la mar de contentos por haber conseguido sendos divorcios sin traumas, ofensas y discusiones. Tal y como se expresa en el artículo, da la impresión de que esto del divorcio es como un juego de niños; vamos, que hasta resulta agradable el divorcio en sí y todo lo que ello conlleva.

Pero lo cierto y verdad, es que los datos oficiales; de todo punto fiables, indican que cada breve espacio de tiempo se rompe en España un matrimonio, en el que se ven implicados un alto número de menores, que dígase lo que se quiera, van a tener que sufrir la inconveniencias de la ruptura a pesar de ser “el bien más necesitado de protección”. Nada se dice, en tal sentido, de los posibles traumas y rebeldías que duelen afectar a los citados menores, e incluso a los cónyuges.

Es indudable que lo mejor, en todos los casos, es propiciar un acuerdo que sea lo menos traumático para los cónyuges y para los menores; pero de ahí a presentar la separación o un divorcio como el colmo de la felicidad, va un abismo.

La propia norma procura simple propiciar en tales casos, un solución consensuada, cuando admite que un mismo Letrado conseja a ambos cónyuges, y puedan se representados por un mismo Procurador.

El Letrado íntegro e inteligente, el que entiende que el desarrollo de su actividad y buen hacer, debe centrarse primordialmente en los intereses de su cliente, y que dicha situación afecte lo menos posible a su esfera personal y sentimental, ha de procurar llegar a soluciones amistosas, aunar voluntades, pulir diferencias, quitar hierro a las palabras, pasar por alto, hechos o circunstancias vigente el matrimonio, que poco o nada ayudan en el ámbito jurídico, y procurar y dirigir a su cliente la suavizar la rabia contenida durante el último tiempo de convivencia, centrando la cuestión en el bien de las partes y en lo mejor para los hijos habidos en común. Hasta aquí todos de acuerdo

Pero en la mayor parte de los casos, seamos realistas, las cosas no son tan fáciles como parece. La intimidad matrimonial propicia, en no pocas ocasiones, que en las causas de separación o divorcio, se creen o salgan a relucir una serie de diferencias, económicas, familiares, laborales, de relación con el otro cónyuge y con los hijos de ambos, que hagan imposible una solución amistosa. Evidentemente, no faltan casos en los que a pesar de todo, es posible lograr un divorcio consensuado.

Insisto e insistiré, que si se llega a un acuerdo, bien venido sea; pero debe advertirse que lo normal es que los cónyuges traigan al procedimiento todo el odio contenido durante años; o el ejercicio de una mediata venganza, después haber soportado desprecios y vejaciones, o cualquier otras situaciones que afecten de manera importante a la esfera interna de la parte; cuando no, conductas decididamente seviciacas. Ni que decir tiene que en el caso de violencia de entre las partes, la situación deberá plantearse de otra manera.

Por todo ello, nos viene a la mente, que lo que jurídicamente determina el matrimonio, es el sentido de unidad; que entendemos que en el presente momento debemos resaltar una vez mas.

Tal sentido de unidad se desprende tanto si estamos en presencia de un matrimonio civil como si se ha contraído en forma religiosa Por ello, entendemos, que el matrimonio esta regido, entre otros, por los siguientes aspectos:

  • Igualdad en derechos y deberes, lo que se reconoce es una igualdad dentro del ámbito matrimonial, no pudiendo quedar supeditado uno de los cónyuges respecto del otro.
  • Guardarse fidelidad.
  • Deber de respetarse y socorrerse mutuamente.
  • Actuar en el interés de la familia

Desde el punto de vista del matrimonio civil, los artículos 66 al 70 del Código Civil, perfilan los derechos y deberes de los cónyuges, tales la igualdad ente ambos, la ayuda, el concepto de familia, la obligación de vivir juntos o la fijación de domicilio; etc…

En cuanto al matrimonio canónico, consistente, en una la alianza matrimonial, por la que el hombre y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, , así dispone el Cánon 1055.

Desde otro punto de vista, puede advertirse, de la simple lectura de los cánones siguientes que en el Código de Derecho Canónico tanto el hombre como la mujer aparecen contemplados desde un plano de igualdad, como lo demuestra el hecho de que jamás se hace referencia al varón por una parte y a la mujer por otra, pues siempre se hace alusión, una y otra vez a los cónyuges, como unidad. Además, como venimos manteniendo, se demuestra tal extremo en el Cánon 1061, párrafo primero, cuando se mantiene “….mediante el cual (se refiere al matrimonio) los cónyuges se hacen una sola carne. “

Cuando tenemos redactado el presente escrito me llega la noticia de que, España es el cuarto país de la Unión Europea en el que se produjeron más separaciones y divorcios durante el año 2012. De cada diez matrimonios contraídos en Europa, siete se rompieron en nuestro país, en tanto que en el resto de Europa, de cada 10 matrimonios, se rompieron, cinco.

En el año 2012, se produjeron en España,104.262 rupturas matrimoniales; un 150 más que en el año 2002 en el que las rupturas ascendieron a 41.7621; en Europa ha aumentado el número de divorcios; un 4%, sobre todo, como consecuencia del incremento de divorcios que se produjeron en España.

Luis Alvarez Prieto